
Perdida entre nubes de olvidos, sumida en un ardoroso trajín, la consciencia me devora las ideas, deja seca la mirada inventiva.
En ausencias queda abierta la puerta de la huida, la locura se filtra agazapada para revolver deseos y sueños vagos que se esconden en los huecos del desorden.
Retomo un trozo de papel que dejé la última tarde, antes que la cordura me dopara con su elocuente repertorio de tareas.
Acá estoy, desarmando la estructura de las cosas cotidianas para hallar un sitio propicio y auspicioso de rarezas y delirios.