Se refregó contra las piernas de Don
Cosme, pero como otras tantas veces, o
ultimamente, lo ignoró,
así que saltó a la otra silla, y se acomodo. Lo
vio tomarse el te, y al rato todo quedo en silencio. Hacia tiempo que Javier, el hijo, no pasaba a visitarlos, por suerte, por que
Andresito, ocupaba el rato que visitaban al abuelo, para molestarlo,
tirándole de la cola, o
empujándolo cada vez que se recostaba en
algún lugar a dormitar,
así que se
veía obligado, el tiempo que duraba la visita, a saltar por la ventana y pasear un rato esquivando a los gatos del
vecindario, para evitar peleas o provocaciones. Es que se
había acostumbrado a la vida tranquila y solitaria, aunque comiera poco, y siempre,
aparecía algo en la vereda, que dejaba alguna alma caritativa.
Pero con eso y todo la vida no estaba tan mal para un gato viejo. No
había que escapar de la lluvia, ni correr perseguido por los perros, y la vida social
también había ido desapareciendo hasta perder a estas alturas el
interés por las
féminas.
Pero aquel silencio tan extenso comenzaba a
preocuparlo, él no se
había movido de la silla, ni el viejo tampoco.
Caía la noche y no
había recibido un trozo de pan para entretenerse un rato,
esperaría hasta mañana.
La noche paso igual de
estática. Cuando el
día nuevo llegó, se decidió a molestarlo, tal vez
así recordara que
había que comer.
Le rozo las piernas nuevamente, pero estaban
frías, y se alejo.
Subió a la mesa, se
comió la galleta
húmeda que
había olvidado cerca de la taza.
Empezaba a preocuparse.
Nada cambiaba.
Debería llegar Javier, algo no estaba bien.
Otro
día terminaba igual.
Después que
amaneció, solo el
teléfono repetidas veces, nadie contesto,
volvió a retumbar la campanilla en el silencio. Nada.
Al tiempo la puerta se
abrió y
apareció Javier acompañado de otros hombres. Salieron, entraron, varias veces. Se llevaron a Don
Cosme. Sabia que a pesar de su indiferencia, lo
extrañaría.
Algo lo intrigaba, a donde
iría a parar él, por que al
descuido, Javier lo saco a la calle,
empujándolo con el pie, pero con un gesto mas caritativo lo tomo en sus brazos, y lo dejo en le auto. Nervioso e inquieto por lo desconocido busco
un lugar oscuro en el piso.
Viajaron un rato, el
corazón parecía que se le iba a salir.
A - Cuando detuvo el motor muchos miedos lo asaltaron. A donde lo llevaba? Cual era su nuevo destino? Y entonces supo que su vida cambaría para siempre, como cuando lo había subido al auto, aunque no sabia todavía cuanto.
Andresito, con los ojos hinchados y llorosos, con una sonrisa tibia, lo tomo en sus brazos y lo apretó. .
El gato con esfuerzo controlo su impulso de arañarlo, habían sido muchas emociones en tan poco tiempo. Con el transcurso de los días, aprendió
sus nuevas rutinas, entre ellas tolerar las torturas del niño
y otras, no tan malas, como dormir cómodo a los pies de su cama.
Al fin y al cabo, la vida esta llena de cambios, y todos traen aparejadas
cosas buenas y cosas malas.B-Cuando detuvo el motor, vio que estaban frente a un baldío. Lo dejo en el piso, subió al auto y se marcho sin siquiera mirarlo. Pronto varios gatos malolientes se acercaron a observarlo, los alejó con un maullido de molestia. Había olvidado las noches de rocío, y la pelea por el alimento. Recordó como era y se las arregló para integrarse a su manera.
Se lo ve bagar por las calles, arañado y sucio, como resultado de alguna trifulca en la que peleó por su comida, restos que deja una anciana pero que no alcanza para todos.
No se murió de hambre, pero valora ahora, la vida apacible
que había llevado junto al viejo y las migajas que éste le tiraba cuando bebía su té desabrido. Y algunas noches, todavía lo extraña.
C - Cuando detuvo el motor, lo empujo al piso, el gato desorientado, salió corriendo. Fue a dar a una avenida transitada, se encontró en medio de autos que circulaban a altas velocidades, el miedo lo paralizó y ahí se quedo. Un vehículo maniobró para esquivarlo, pero la distancia era muy corta. Pasó tan cerca que lo golpeó con la rueda y voló a un par de metros. Sintió los golpes por dentro, luego vio salir sangre por el hocico, cerró los ojos y allí se quedo. Muriendo lentamente lejos de los ojos de quienes lo habían cuidado, querido, o no, pero ahora en su ultimo momento, se sintió solo. El proceso duró poco, o al menos para él. Una mujer lo recogió y lo tiró en el cesto de basura, para que no entorpeciera el tránsito.