
No se si tratar de ser correcta al escribir o ser clara al contar, pero esto sucedió más o menos así.
Promediaba la tarde y volvíamos del paseo que nos regalábamos cada año, pasamos el día al aire libre, tomando fotos a las flores, conversando, mates de por medio, nada más allá de lo trivial y cotidiano que siempre nos quedaba pendiente de charlar.
A los dos nos había fortalecido este encuentro. El tiempo nos había hecho grandes amigos con tantos años de contarnos las peripecias económicas y algunas tragedias familiares.
Emprendimos una despedida más.
En el auto me inquieté, me reacomodé en el asiento, y bajé la ventanilla, sentía ganas de … gritar? Busqué que el aire del atardecer pegara en mi rostro para contrastar el calor con el frió, le comenté distraída que necesitaba otras sensaciones, no supe decirle si de inquietud, de miedo, de sorpresa, o de qué… pero sentí de forma inminente una monotonía agobiante de la que quería salir ya. Necesitaba algo que me conmoviera. Me hiciera temblar, emocionarme. Como cuando uno viaja y se sorprende con un nuevo paisaje, o en una reunión se encuentra con gente muy querida que no veía por mucho tiempo y disfruta de esa noche como si fuera la última. O tal vez esa energía con la que uno se va después de escuchar en un recital las canciones del cantautor preferido y gritarlas de una forma desaforada mientras él las canta, y sentir que lo acompañas en su música.
En la radio se escuchaba una canción pegadiza, de esas que te ves obligada a cantar, por que te la aprendiste sin querer. Y de repente subí el volumen, siguió una a otra, las cuales podía, aunque menos fuera, tararear con un tono un poco elevado. Otro poco ayudo que por la autopista el auto corría a una velocidad considerable y el vértigo me alteró…en alguna medida.
Entonces escuché una canción de “Los pericos: Pupilas lejanas “que no se si era por lo que me estaba pasando justo en ese mismo instante a mi, pero me hizo euforizar, la canté, como a las otras, un poco alto el tono de mi voz, y mal cantada, desde luego..
Escuche entre tantas otras palabras…”tu mirada vuelve a penetrar mis pupilas” … dijo penetrar?? Siii, como en una película erótica, un montón de imágenes se me sucedieron ante los ojos, con un cosquilleo revoloteando entre las piernas, me abalancé sobre mi compañero, que iba por otras dimensiones seguramente, y lo busqué, lo acaricié, encontré la oreja con la lengua invitándolo a una penetración y respire hondo, el viaje se acortaba, ya estábamos llegando su departamento, donde todavía el guardaba alguna pertenencia mía que pasaría a recoger cualquier día, que ahora resultaba que era hoy.
Mientras el cielo se ponía rojo en el horizonte, me miró de costado y sonrió, con ese gesto se hizo cómplice de mi actitud y solté una fuerte carcajada. Aprobando un logro.
Al llegar bajamos del auto un poco desprolijos por el apuro que había surgido durante el viaje.
No esperé su invitación. Lo zambullí entre las sabanas, le saque sólo la ropa necesaria. Y en un rato más estábamos los dos ya apaciguados, como aletargados y observándonos mutuamente como se lo observa a un extraño que aparece en nuestra casa y sin golpear.
Una cena silenciosa, fría y acompañada de un vino añejo que guardaba para una ocasión especial según dijo, terminó de aplacar el alboroto de esa tarde. Nos despedimos algo extrañados de tanta conjunción de pensamientos y sentimientos, que tan solo comentamos al pasar con un … “como no paso antes?” Y un.. “tantas veces, por miedo al rechazo descarte la posibilidad...” Pero a partir de aquella primavera, no hubo llamados, no hubo explicaciones, no volvimos a encontrarnos. Esa tarde rozando el amor, terminamos una relación añeja, que se desvirtuó por el calor y el arrebato.
Aunque Siempre me quedará la duda si fue una amistada manchada con sexo, o un gran amor inconcluso.
Tal vez no sea más que un día de primavera, con sus consecuencias. O la gran pérdida de mi vida.
Esa tarde, tomé esta foto, que hasta el día de hoy sigue siendo para mí, la mejor. Tendría algo que ver con lo sucedido? Tal vez, mis sentidos ya estaban, horas antes, a flor de piel, y la sensibilidad me permitió captar esta ímagen.